Mi fetichismo, LÁTEX

MUÑECAX.COM OS PRESENTA SU NUEVO RELATO…

Tú ya sabías que me gustaba el látex, nunca antes me lo había puesto, pero ese día tu me lo pediste, estaba deseándolo.

Me supuse que follaríamos sin parar, que la excitación llegaríamos al máximo. Los dos habíamos fantaseado con ese día, ponerme aquel traje que vimos en la revista, poco después me lo compré, pero no me atrevía a ponerlo.

Mientras me vestía, mi mente estaba ya en tu sexo, recorriéndote todo el cuerpo con mi lengua, estaba pensando que sacaría incluso las esposas, deseaba más que nunca que ese día las usases, que me encadenases a la cama para poseerme como hacía tiempo que no hacías.

Mi mente me transportó con tanta realidad que estaba ya mojada.

Cual mi sorpresa al verte entrar en la habitación, yo quería darte una a tí, pero sin duda fui yo quien se quedó estupefacta, te habías comprado un traje de buceador, todo de goma, te cubría el cuerpo entero, incluso tu cara.

Te quedaba tan ajustado que se notaban cada uno de tus músculos, tu fuerte espalda, tu ancho pecho y tu culito tan prieto, no salía de mi asombro, sin embargo estaba más excitada de lo que jamás había estado.

Yo sabía que me regalarías algo, como haces siempre en este día, pero no me podía creer lo que mis ojos estaban viendo, sin embargo aún estaba por llegar el verdadero regalo de cumpleaños.

Cuando me dijiste, -ponte el abrigo por encima de eso-, me eché a reír, como me podías pedir que me tapase algo tan bonito, algo que estaba queriendo que tu vieses y te excitases totalmente, tu me dices tapate, no entiendo nada por un momento.

Con mi incertidumbre aún, te veo coger las llaves del coche, revisar la casa como haces siempre que salimos, es tu forma de quedar tranquilo de que no dejas nada abierto para los posibles ladrones.

Todo era evidente, marchábamos algún lugar, yo no podía imaginar a donde y menos vestidos con aquellos atuendos.

Por la calle nos miraban todos, yo iba cubierta, pero tú no, tu taje de buzo lo podían observar todos, por eso pensé que quizás querrías que nos vieran, haríamos el amor en un lugar público, no solo te gustaba el látex y la goma, solo eso parecía no bastarte, querías sexo en la calle, haya, de ahí querías el morbo -pensé-.

Caminamos entre las calles de la ciudad, aún a plena luz del día, el recorrido fue largo, hasta que se paró delante de un edificio grande, muy antiguo, parecía casi abandonado si no fuese por la luz que salía de las ventanas del último piso. Las luces parecían cambiar de tono e intensidad, pero yo incrédula de todo lo que me estaba sucediendo, intenté sacar una conclusión lógica a todo aquello.

Parecía que conocía aquel lugar, yo no podía parar de pensar, jamás me vi tan intrigada, que podía ser lo que querías hacer. Estaba empezando a ponerme nerviosa, pero me cogiste de la mano y me diste tu calor, confianza, -no pasa nada, verás que bien te lo vas a pasar, es tu regalo de cumpleaños-.

Subimos hasta el último piso, de donde salían aquellas luces, parecía que nos estuviesen esperando, tenía la puerta abierta.

Antes de entrar ya me di cuenta de cual había sido la idea, quería regalarme una orgía o algo similar, en aquella casa todos iban vestidos de goma y de látex.

Una idea me venía y otra se me iba, será que quiere que participemos entre todos, será solo una fiesta de disfraces y no habrá sexo, no sabía que pensar, pero lo que si que sabía era que me estaba poniendo cachonda con aquella visión.

Los cuerpos ceñidos por aquellos trajes, había de todos los gustos y colores, pero todos vestidos muy eróticos.

Al darse cuenta de que habíamos entrado, se acercó una chica, lo supuse por su cuerpo, llevaba su cara con una máscara que le cubría todo el rostro y no se puede diferenciar sexos por esos rasgos, tan solo por la constitución.

Al principio me quedé tonta, sin saber si avanzar de la mano de aquella mujer -me producía mucho morbo, estaba muy excitada. Sin saber muy bien la verdad, dije a mi pareja que deseaba compartir en aquel momento con todo aquel grupo.

Me miraba frente a mis ojos, con una sonrisa y un pequeño empujoncito me dijo -pásate tu día de cumple lo mejor que puedas, todos ellos son tu regalo, te harán y harás todo lo que desees.

La sangre me brotaba por las venas, estaba sintiendo mucho calor, como me mojaba, entre mis piernas sentía mi corazón latir, solo deseaba entregarme al placer como antes no lo había hecho.

Corrí al centro de la habitación, estaban todos juntos, era una orgía, no se pararon ni a mirarme, siguiendo con lo que estaban haciendo, solo una chica, me cogió de la mano y me acercó hacia ella.

¡Qué situación! jamás me sentí tan provocada, el morbo era mayor que el que jamás había sentido y todo iba en aumento.

Unos labios comenzaron a trepar por mi pierna, suavemente surcaban mi piel hasta llegar a mi sexo, ya toda mojada, sus manos empezaron a tocarme, mi clítoris estaba totalmente erecto, deseando ser partícipe de aquel momento.

La cremallera de mi traje era perfecta, al estar desabrochada el acceso era total, sentí su lengua entre mis labios vaginales, buscando, el roce era tan suave, me estaba dando tanto placer que me dejé hacer sin yo moverme para nada, solo deseaba que no parase.

Por detrás de mi otras manos me sujetaban mis brazos, me los ponían hacia atrás, sentí como se cerraban los grilletes, a su ver dos personas más me sujetaban ambas piernas, muy separadas, mientras me seguían comiendo sin parar, el placer era superior, quería seguir y a la vez necesitaba que parase un momento, temí no poder soportanto el gusto.

Sin embargo dije todo lo contrario -sepárate más la piernas, sujetar, haced conmigo lo que queráis-.

Me habia olvidado de tí, estabas en una esquina, mirándome, observando con tu pene todo erecto, una chica estaba masturbándote.

Yo no quería parar, aquello era lo más fuerte que habíamos hecho jamás, era mi día y continuará hasta arder en deseos, hasta no poder continuar, hasta donde mis fuerzas me dejasen.

Imagen: Fotos-hot

Vídeo: Latexfetishboy

Relato: Diamante de Sangre

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